Film: Las crónicas de Spiderwick (The Spiderwick chronicles)
Director: Matt Waters
Elenco: Freddie Highmore (Simon/Jared), Mary-Louise Parker (Helen), Nick Nolte (Mulgarath), Joan Plowright (tía Lucinda), David Strathaim (Arthur Spiderwick), Seth Rogen (Hogsqueal/Cerdonio), Martin Short (Thimbletack/Dedalete), Sarah Bolger (Mallory).
Guión: John Sayles, Karey Kirkpatrick y David Berenbaum, basado en la serie de novelas de Tony Di Terlizzi y Holly Black.
Este film estrenado el 14 de febrero en U.S.A. y un mes después en España, nos lleva desde “la imaginación de un niño a un mundo de fantasía y emoción en un viaje de iniciación que es también la búsqueda y aceptación de la vida con sus misterios e imperfecciones” según lo publicado por Julio Rodríguez Chico en un diario español. Como siempre, se presenta el tema de la lucha entre el Bien y el Mal.
Muy acertadamente, el director recrea los ambientes mágicos con una ágil narración y el uso de la animación digital.
Hellen, a punto de divorciarse de su esposo, llega a un caserón abandonado, misterioso, acompañada de sus tres hijos: los gemelos Simon y Pared y la hermana Mallory.
Jared es inquieto, imaginativo y el divorcio lo trauma, culpando a la madre de la situación. Descubre un libro, escrito por su bisabuelo Arthur Spiderwick, que encierra toda la sabiduría sobre los seres mágicos. Esto lo lleva a increíbles aventuras entre los que quieren conservarlo o destruirlo, lo que amenaza con un fatal y catárquico final. Ogros, faunos, grifos, elfos y toda la rica gama de personajes fantásticos aparecen en la película en la que el director busca mostrar un cuento moral, una historia de iniciación y madurez del niño, la búsqueda del padre ausente, el perdón y la necesidad de dar otra oportunidad a quien se alejó de la familia por su orgullo investigador.
A través de esta fantasía, Waters hace una crítica social, da un mensaje familiar y presenta cómo un joven forma su personalidad.
La puesta en escena es atractiva, el guión es ágil y lleva al espectador del drama al humor, de la emoción a la diversión y a la aventura. La fotografía y la música enriquecen el film
Tanto los actores jóvenes como los mayores interpretan sus roles con convicción.
En definitiva, el film atrapa a gente de todas las edades.
lunes, 17 de marzo de 2008
Una bacteria que “come” colesterol
Con este título, leí un artículo publicado en el diario francés Le Figaro, escrito por Marc Menessier. Como el tema me llamó la atención, pretendo compartirlo con Uds.
El intestino grueso es un caldo de cultivo. No menos de cien mil bacterias viven en cada gramo de materias fecales. La flora intestinal que se constituye durante los dos primeros años de vida es indispensable para que el organismo funcione bien. “Se diría que es un órgano aparte, cuya composición es específica de cada individuo” subraya Philippe Gérard, del Laboratorio de Ecología y Fisiología de Investigación Agronómica (Inra) de Jouy-en-Josas (Yvelines)
Más aún, ese biólogo dijo hace unos días durante una conferencia de prensa en París, que algunas de esas bacterias tienen una propiedad sorprendente de degradar el colesterol, (cuyo exceso provoca depósitos de brasas en las paredes de las arterias y venas) en coprostanol, una sustancia no asimilada por el organismo y por lo tanto eliminada con las materias fecales, y agregó: “El hecho es conocido desde hace muchos años pero hasta ahora, nadie tuvo éxito en identificar la o las especies de bacterias implicadas en este proceso bioquímico en el ser humano.”
El obstáculo principal provenía del hecho de que las bacterias del tubo digestivo son incapaces de sobrevivir en un medio rico en oxígeno. Ellas mueren al sacarlas del intesdtino donde se hospedan. Sólo un 20% son cultivables en el laboratorio.
El equipo dirigido por Gérard publicó en la revista “Applied and Environmental Microbiology” una explicación de cómo se logró cultivar las heces enriquecidas con sesos de ternero liofilizado para aislar una de esas bacterias “colestoricidas”. Se trata de la cepa D8 de la especie Bacteroides dorei, la que representa el 20% de la flora intestinal humana. “El hecho es que esta especie es muy diferente del género Eubacterium ya identificado en la rata, en el cerdo y en el babuino y parece indicar que muchas familias bacterianas están implicadas en la degradación del colesterol en el intestino humano.”
Este descubrimiento desembocará en la puesta a punto de un nuevo medicamento anticolesterolímico que no es probable que en poco tiempo se obtenga.
Se sabe que la mayoría del colesterol de origen alimenticio se asimila a nivel del intestino delgado. El resto, sea o no degradado por esa bacteria en coprostanol, será igualmente evacuado con los excrementos.
En los años 80, un estudio japonés demostró que un porcentaje elevado de coprostanol en las heces estaba asociado a una concentración más débil de colesterol en sangre.
Según el investigador Gérard “no se puede excluir que una parte del colesterol sea degradado en el intestino delgado inferior donde se cuentan 1000 bacterias por gramo de materia fecal. Hay 100 veces menos que en el colon, pero eso puede ser suficiente para explicar los resultados del estudio japonés.”
La solución podría ser que la gente con colesterolimia ingiriera, o las bacterias que “comen” el colesterol o, mejor aún, la o las enzimas implicadas en ese proceso. Pero para ello, hay que identificar los genes de Bacteroides dorei responsables de esta actividad y comprender por qué en un 20% de los humanos la flora intestinal es incapaz de degradar el colesterol.
Con este título, leí un artículo publicado en el diario francés Le Figaro, escrito por Marc Menessier. Como el tema me llamó la atención, pretendo compartirlo con Uds.
El intestino grueso es un caldo de cultivo. No menos de cien mil bacterias viven en cada gramo de materias fecales. La flora intestinal que se constituye durante los dos primeros años de vida es indispensable para que el organismo funcione bien. “Se diría que es un órgano aparte, cuya composición es específica de cada individuo” subraya Philippe Gérard, del Laboratorio de Ecología y Fisiología de Investigación Agronómica (Inra) de Jouy-en-Josas (Yvelines)
Más aún, ese biólogo dijo hace unos días durante una conferencia de prensa en París, que algunas de esas bacterias tienen una propiedad sorprendente de degradar el colesterol, (cuyo exceso provoca depósitos de brasas en las paredes de las arterias y venas) en coprostanol, una sustancia no asimilada por el organismo y por lo tanto eliminada con las materias fecales, y agregó: “El hecho es conocido desde hace muchos años pero hasta ahora, nadie tuvo éxito en identificar la o las especies de bacterias implicadas en este proceso bioquímico en el ser humano.”
El obstáculo principal provenía del hecho de que las bacterias del tubo digestivo son incapaces de sobrevivir en un medio rico en oxígeno. Ellas mueren al sacarlas del intesdtino donde se hospedan. Sólo un 20% son cultivables en el laboratorio.
El equipo dirigido por Gérard publicó en la revista “Applied and Environmental Microbiology” una explicación de cómo se logró cultivar las heces enriquecidas con sesos de ternero liofilizado para aislar una de esas bacterias “colestoricidas”. Se trata de la cepa D8 de la especie Bacteroides dorei, la que representa el 20% de la flora intestinal humana. “El hecho es que esta especie es muy diferente del género Eubacterium ya identificado en la rata, en el cerdo y en el babuino y parece indicar que muchas familias bacterianas están implicadas en la degradación del colesterol en el intestino humano.”
Este descubrimiento desembocará en la puesta a punto de un nuevo medicamento anticolesterolímico que no es probable que en poco tiempo se obtenga.
Se sabe que la mayoría del colesterol de origen alimenticio se asimila a nivel del intestino delgado. El resto, sea o no degradado por esa bacteria en coprostanol, será igualmente evacuado con los excrementos.
En los años 80, un estudio japonés demostró que un porcentaje elevado de coprostanol en las heces estaba asociado a una concentración más débil de colesterol en sangre.
Según el investigador Gérard “no se puede excluir que una parte del colesterol sea degradado en el intestino delgado inferior donde se cuentan 1000 bacterias por gramo de materia fecal. Hay 100 veces menos que en el colon, pero eso puede ser suficiente para explicar los resultados del estudio japonés.”
La solución podría ser que la gente con colesterolimia ingiriera, o las bacterias que “comen” el colesterol o, mejor aún, la o las enzimas implicadas en ese proceso. Pero para ello, hay que identificar los genes de Bacteroides dorei responsables de esta actividad y comprender por qué en un 20% de los humanos la flora intestinal es incapaz de degradar el colesterol.
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