Film: Café Lumière
Director: Hou Hsiao- Hsien
Yoko es una joven escritora japonesa que se hace amiga de Hajima, el dueño de una librería de segunda mano que gusta grabar los sonidos de los trenes. Juntos comienzan a pasar su tiempo en varios cafés de la ciudad. Hajime ama a Yoko en secreto. Sin embargo, Yoko está embarazada de otro hombre. Sus padres están preocupados por su futuro y su decisión de ser una madre soltera. La relación entre los jóvenes es extraña, entre la amistad y el amor, pero éste nunca explota sino que se adapta al tiempo sosegado del film.
Es una historia que se enmarca en una actualidad indeterminada, casi apocalíptica. Los días pasan con la cadencia de la verdad. Hay un delicado tratamiento de una realidad ficticia o de una fisión verídica.
El film es bastante lento pues dura más de dos horas y el argumento es muy simple.
Todo lo que rodea a las cafeterías y cafés donde se reúnen los protagonistas constituye, quizás, los mejores pasajes para narrar, lo que a priori, parece inenarrable: el acontecer de una búsqueda en silencio ahogado, apenas perceptible, si no se está muy atento. Es una historia extraña por su premisa y por su ritmo.
El director presenta el conflicto entre padres e hijos, que se traduce por una total incomunicación. No hay entendimiento.
La protagonista se pasa todo el film buscando un pasado concreto, visible o tangible en un Tokio tecnificado y donde los trenes parecen ser un refugio espiritual. Ella busca el café al que asistía un famoso compositor y esa búsqueda tiene que ver con la necesidad de reencontrarse con ese pasado del que fue apartada al ser abandonada por su madre. Aparece el problema de la pérdida de la identidad y ella es consciente de que debe ir a buscar su pasado, aunque sea en forma indirecta.
El realizador, por su parte, trata de buscar las raíces del cine, su pasado, comprenderlo y así seguir avanzando, pero sin dejar de mirar atrás.
El café que busca la protagonista se transforma para el director en el Café Lumière, es decir, navegar, bucear por toda la historia del cine para dotarlo de una identidad propia, frente a todos los que quieren contaminar el Séptimo Arte con política, filosofía, etc.
Según algunos críticos que conocen la obra de este cineasta, este film es un homenaje al director Yasujiro Oru, debido al centenario de su nacimiento y eso se nota en escenas donde parece haber rescatado planos de films de este director: “Cuentos de Tokio”, o “Buenos Días”, como también brinda gran cantidad de tomas frontales y de encuadres a pie de tatami, habituales en ese director japonés. A ese director también le gustaban temas como el desencuentro de padres e hijos, el tema del matrimonio entre las nuevas generaciones y un estilo de vida no aceptado por los familiares.
Algunos espectadores han comentado a la salida del cine que se habían aburrido, porque no hay ritmo, casi no hay diálogos, los personajes no transmiten emociones.
En fin, estimado lector, Ud. sabrá después de haber leído estas informaciones lo que debe hacer: ¿verla? o ¿no verla? Esa es la pregunta.
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